
Según investigaciones recientes en biodiversidad, se cree que al incrementar la población de abejas urbanas, es decir de abejas nativas de las ciudades, se puede contribuir a la creación de más espacios verdes en las metrópolis y contribuir con ello a refrescarlas, en medio un contexto de aumento generalizado de temperaturas debido al calentamiento global.
Los tiempos modernos han introducido dinámicas nuevas para las prácticas agrícolas tanto en los ámbitos rurales como en los urbanos. Una relación que a la vez, ha cambiado el ritmo de trabajo de las mayores aliadas de la naturaleza y del hombre : las abejas.
Las dinámicas agrícolas se han modificado en muchos sentidos: con la expansión de la agricultura industrial, los monocultivos como el trigo y el maíz han reemplazado a los bosques naturales , a sus plantas y flores. Y con ello, ha desaparecido la principal fuente de sustento para las abejas.
Por otro lado, la agricultura industrial también trajo aparejado el flagelo de los pesticidas que matan a los insectos, combaten las plagas y lamentablemente, también a los polinizadores como las abejas, que ven declinar a sus poblaciones de modo abrupto .
Las huertas urbanas, una fuente de vida y alimento para las abejas
Pero a la vez, y curiosamente, van naciendo otras alternativas que el tiempo demuestra son de gran ayuda para el resurgimiento de las diezmadas abejas como es la proliferación de los huertos urbanos. En estos espacios, se ven crecer diferentes tipos de cultivos uno al lado del otro y tienen la particularidad de que son cuidados a mano y no con grandes máquinas . A la vez, proporcionan de modo cada vez mayor, una fuente de alimento para las abejas. De hecho, nuevas investigaciones demuestran que la presencia de abejas en los ámbitos urbanos puede ser mucho mayor en la actualidad, que su presencia en las zonas rurales circundantes.
Los equipos científicos de Estados Unidos por ejemplo, están muy interesados en las abejas autóctonas de St. Louis: «Esta ciudad cuenta con la mayor diversidad de abejas del mundo.», explica Ed Spevak, jefe del Centro de Conservación de Polinizadores Autóctonos de St. Louis. «Todo ronda alrededor de sostener la biodiversidad. Tanto si buscamos preservar a las abejas para la mejor producción de diferentes tipos de cultivos, como si propiciamos el cuidado de la biodiversidad de los hábitats urbanos para apoyar la biodiversidad que sostienen las abejas».
El objetivo del proyecto científico que lidera el Dr Spevak es descubrir cuáles son las abejas nativas que polinizan los diferentes tipos cultivos en estos espacios comunitarios o huertos de edificios y qué técnicas pueden ser empleadas por los jardineros para atraerlas y protegerlas. Por ejemplo, es sabido que a las abejas no les gustan los espacios abiertos y grandes. Aprecian enormemente la cobertura vegetal por ser lugares donde pueden esconderse con más facilidad de sus depredadores, como las libélulas.
El fenómeno de la “rurbanización”
Las abejas son la pieza principal de un creciente campo científico al que se conoce como ‘rurbanización’ (disciplina que busca imprimir en las ciudades un carácter más rural), como una forma de mejorar y propiciar la seguridad alimentaria y embellecer con abundante vegetación los paisajes urbanos.
En esta línea los científicos se encuentran investigando qué cultivos podrían ser los más adecuados para las ciudades del futuro, probablemente se cree serían de mayor beneficio las especies ricas en nutrientes y de crecimiento rápido, como las verduras de hoja verde. (Los cultivos básicos, como el trigo y el maíz, seguirían proviniendo del campo, donde son fáciles de cultivar con la maquinaria adecuada).
Los investigadores también se encuentran abocados a descifrar que tipo de cultivos son los más adecuados para sembrar en las azoteas o terrazas y de ser posible, debajo de los paneles solares. Esto sería ideal ya que los paneles brindarían la sombra necesaria para que algunas plantas no reciban demasiado sol. Este sistema “agrivoltaico” ayudaría a refrescar de modo natural los edificios mientras que generaría energía y alimentos de calidad. El refresco y sosiego vendría porque un jardín comunitario «transpira», debido a que las plantas liberan vapor de agua, refrescando así el clima del vecindario y, si uno se ubica dentro del mismo jardín, podría disfrutar de este efecto sumamente positivo: el contar con un espacio fresco con una agradable sombra a la vez .
Abejas y azoteas verdes contra las islas de calor
Los espacios verdes adicionados a los edificios contribuirían con gran eficacia a mitigar el efecto conocido como de “isla de calor» pero a la vez, es necesario contar con una legión de abejas para mantener a estos jardines en buenas condiciones y sanos. En la ciudad de Los Ángeles donde existen proyectos de esta índole, se ha verificado un marcado contraste entre los vecindarios que poseen polinizadores y los que no cuentan con ellos: «Hemos apreciado una notable diferencia en la cantidad de floración que se produce cuando están presentes los polinizadores en relación al ritmo de crecimiento y al desarrollo de cada planta», explica Jamaiah Hargins, biólogo experto en biodiversidad urbana. «Cuando existe una deficiencia de polinizadores, las plantas no prosperan y las que sobreviven no dan tantas flores, o no nos dan tanto polen por cada flor. Y eso, acaba limitando en gran medida, la eficacia de lo que esa estructura vegetal adosada a un edificio puede conseguir como beneficio para el conjunto».
A pesar de los beneficios de los huertos urbanos para la proliferación de las abejas , la vida en las urbes encierra algunos peligros para estas polinizadoras de ciudad. Los científicos de St. Louis se encuentran estudiando en la actualidad, algunos factores de vital importancia a futuro para el desarrollo de edificios con huertos, como es la capacidad que tienen las abejas para soportar los altos registros de temperaturas y sus posibles respuestas adaptativas a medida que se intensifique el calor, y también, cómo podría afectarles la contaminación. Estos son algunos puntos determinantes para la existencia en el futuro de abejas en los ámbitos urbanos y por ende, para el desarrollo de una rica biodiversidad en las metrópolis que solo puede ser sostenida por las humildes abejas que son la clave para sostener y recrear la vida del planeta.
