La costa rocosa de Amchitka y las señales de prohibición de disparar armas de fuego en la isla.
Enclavada en las aguas heladas de la costa accidental de Alaska, cerca del extremo del largo y disperso arco de las Aleutianas, la diminuta isla de Amchitka era un abrigo seguro para la vida natural, hogar del águila calva y el halcón peregrino y último refugio para 3000 nutrias marinas en peligro.
En la costa rocosa, una serie de señales recordaban al visitante la prohibición de disparar armas de fuego.
El comité que nace bajo el nombre “No hagan olas“
Amchitka está situada en una de las regiones de mayor actividad sísmica del mundo. En 1964 un gigantesco sismo que alcanzó un valor comprendido entre 8,3 t 8,6 en la escala de Richter barrió Alaska con una onda de destrucción de 800 kilómetros de anchura que mató a 115 personas, dejó sin hogar a varios de miles y destruyó el 75% de la industria de ese estado.
Generó una serie de tsunamis que fueron a estrellarse contra las playas de Oregon, California, Japón y Hawai. A lo largo de los 18 meses siguientes hubo 10 mil temblores residuales.
Uno de los luchadores activos contra la política de pruebas nucleares, Jim Bohlen, submarinista de grandes profundidades. El ecologista se unió a otros activistas para fundar el comité “No hagan olas”, cuyo objetivo era luchar contra las pruebas nucleares en alta mar, incluyendo las que se llevaban a cabo en la isla de Amchitka.
El gobierno de Estados Unidos había planeado realizar una prueba nuclear subterránea en Amchitka en 1965, lo que generó una gran preocupación entre los activistas y la población en general.
Así, el comité “No hagan olas” organizó una campaña masiva para detener la prueba, que incluyó una petición firmada por más de 500.000 personas y la organización de manifestaciones en todo el país.
A pesar de la oposición, la prueba se llevó a cabo en noviembre de 1965, generando una gran controversia y críticas a nivel internacional.
Por suerte, no hubo consecuencias ambientales graves en la isla de Amchitka, pero la experiencia dejó en claro los riesgos que implican las pruebas nucleares y la importancia de proteger la vida marina y el medio ambiente en general.
Fue el comienzo de todo. El principio para una fuerza ecologista que solo conocemos hoy día y que entonces era impensada.
El comité “No hagan olas” continuó su trabajo en defensa del medio ambiente y se convirtió en un referente para otras organizaciones y activistas en todo el mundo.
Su legado sigue siendo relevante hoy en día, ya que la lucha por la protección del medio ambiente sigue siendo una de las principales preocupaciones de la sociedad.
