agosto 9, 2026
La vida silvestre en la cuerda floja por la acción del hombre.

La Era del Antropoceno, llamada así por la ciencia, es la etapa de la humanidad que lleva en sí la huella de la acción del hombre como factor determinante en el curso de su evolución, que ha resultado en la pérdida masiva de especies y en la degradación de la vida en la Tierra en todas sus dimensiones. (Parte II) 

Tal y como reflejan desde hace largas décadas las publicaciones científicas, la acción humana es la principal responsable de los cambios drásticos -y dramáticos- en los ecosistemas terrestres y acuáticos. Hoy , Greenpeace completa la entrega anterior, donde comenzamos a desandar el recorrido de las huellas del hombre en los cambios y fenómenos climáticos y de pérdida de especies actual.

Siguiendo esa ruta, la deforestación es en el presente, otro de los mayores problemas de la Era del Antropoceno.Esta actividad netamente humana, reduce de modo contundente la cobertura forestal, y también, tiene como consecuencia efectos negativos encadenados . Dada la influencia de los árboles en la formación de las nubes y en la retención y gestión del agua en el suelo, la pérdida masiva de los bosques hace que se altere también el ciclo del agua. Algo dramático que alterna ciclos de profundas sequías con inundaciones siderales.

Los bosques amazónicos muestran, en todos los países que abarca esta región -Brasil (60 %),Perú, Colombia, Ecuador, Venezuela, Bolivia, Surinam, Guyana y Guayana Francesa- tasas alarmantes de pérdida de superficie . Contrario a lo que se suele creer, esto no influye de forma significativa en la cantidad de oxígeno presente en la atmósfera, pero dado que estos bosques funcionan como enormes sumideros (captadores) de carbono, su desaparición masiva repercute directa y negativamente en la regulación climática global, quitándole al planeta una herramienta clave de su autoequilibrio.

La degradación de los océanos y humedales

El aumento de temperatura en el agua de los océanos y la acidificación, como consecuencia de las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero peligrosos, han puesto en jaque la salud de los arrecifes de coral, ecosistemas vitales para toda la biodiversidad marina y la protección de las costas. Los estudios del medio marino indican que estos cambios negativos disminuyen la diversidad de especies en los arrecifes y afectan a las comunidades de peces que dependen directamente de ellos para obtener su alimento, alterando como consecuencia las redes tróficas marinas.

Por otro lado, tenemos en la superficie terrestre, la degradación de los humedales, ecosistemas necesarios y vitales para la filtración de agua que son refugio de numerosas especies. En la actualidad, están siendo drenados y contaminados a un ritmo sin precedentes en la historia. Los estudios demuestran cómo la pérdida o degradación de estos ecosistemas afecta la capacidad de las aves migratorias para descansar y encontrar en ellos su alimento, lo que implica que sus poblaciones se vean dramáticamente menguadas.

Las zonas del Ártico y la Antártida, afectadas por el aumento de las temperaturas, evidencian cambios notables en los patrones de hielo marino, lo que repercute de modo directo en la fauna que se encuentra adaptada a estas condiciones extremas. A su vez, los científicos remarcan que el aporte de grandes cantidades de agua dulce y fría, procedente del deshielo de los glaciares, al océano puede alterar gravemente los sistemas de corrientes, con consecuencias climáticas desastrosas e irreversibles para la vida de los ecosistemas marinos.

El camino hacia un futuro más sostenible

Los científicos indican que muchos de estos impactos ya son irreversibles, pero muchos de los daños aún se pueden ser mitigados y evitar el colapso. Frente a la urgencia crítica a la que se enfrentan los ecosistemas, se hace imprescindible adoptar un enfoque multidimensional que abarque soluciones que cubran un abanico desde el decrecimiento económico hasta la acción colectiva.

En esta dirección, el decrecimiento es una estrategia pensada para reducir nuestra huella ecológica mediante la disminución del consumo y la producción global, priorizando el bienestar social y ambiental. No se trata de tener menos, sino realizar una redistribución de lo que ya existe para necesitar menos en términos generales y globales. Esta propuesta, es liderada por el profesor Jason Hickel y emerge como una solución viable, posible, hacia una economía más sostenible y una sociedad más equitativa, que aborde de base la desigualdad social.

Desde Greenpeace, sostenemos que todos podemos contribuir en el cuidado del planeta y que la acción humana individual y colectiva juega un papel clave en la construcción de un futuro más sostenible. Desde siempre, aportamos a nuestros lectores información significativa para que puedan decidirse a la acción. Hoy , cada pequeña acción personal cuenta y esto va desde cambios en los hábitos de consumo hasta la participación activa en los diferentes movimientos ambientales. Y todos, pueden poner su talento y capacidad creativa al servicio del bienestar ambiental en grupos que guiados por profesionales pueden hacer una gran diferencia. 

La concienciación y la educación como pilares del cambio

La educación y la concienciación en materia de sostenibilidad deben ser los pilares o ejes en la formación de una ciudadanía global responsable y comprometida con el planeta. Aunque, por supuesto, sin arrojar toda la responsabilidad sobre los ciudadanos. Ciertamente, muchas de las grandes empresas son las principales responsables de estos problemas, y en ellas recae la mayor responsabilidad. Su implicación gradual en este cambio de rumbo es indispensable, y su transformación hacia prácticas más sostenibles y éticas puede ser el disparador de cambios positivos y en el saneamiento y restauración del medio ambiente.

Por último, desde Greenpeace creemos que es indispensable la implementación de políticas públicas que promuevan la sostenibilidad. Esto incluye políticas de inversión en energías renovables, el desarrollo de infraestructuras sostenibles, la promoción de circuitos de economía circular y la transformación de los sistemas de transporte urbanos. La colaboración internacional y el compromiso político serán dos claves estratégicas para asegurar que estas soluciones tengan un impacto global y se traduzcan en acciones concretas que protejan, conserven y restauren nuestros ecosistemas para las generaciones futuras.