
La pintarroja tiene una fisonomía alargada y unos ojos como pepitas de carbón. Vive adherida al fondo de las rocas o pegada al suelo marino a una profundidad que oscila entre los 800 y 1000 metros. Hoy Greenpeace te invita a adentrarte en el mundo de este tiburón cuya supervivencia, dicen los expertos, está estrechamente ligada a la de los hombres.
La física de la Tierra es algo completamente asombroso De pie en una playa, una persona puede soportar -sin saberlo- el peso de toda una atmósfera. La fuerza invisible que cae sobre sus espaldas equivale a unas 10 toneladas. Pero si además, decidimos realizar una actividad de buceo a unos 10 metros de profundidad, esa fuerza se duplica. A 20 metros, se triplica y así, luego de los 30 metros comienzan los desbalances para el cuerpo. Por eso, el caso del tiburón pintarroja demuestra que la naturaleza es asombrosa : a este animalito marino lo mismo le da vivir en las márgenes de la orilla que a 800 metros bajo la superficie donde su frágil fisonomía cartilaginosa soporta sin inmutarse, el peso de 81 atmósferas.
Ya sea próximo a las orillas o en las recónditas profundidades del mar, los ojos y en particular, la mirada de un tiburón pintarroja es algo difícil de olvidar. Sus dos pequenios ojos negros, tienen expresión felina y su fisonomía – cuerpo larguirucho y cabeza redondeada- lo hacen similar más a unanimal de tierra que a un pez. De ahí que también sea conocido y apodado familiarmente como pez gato. Su árbol genealógico incluye a más de 110 especies parecidas de tiburones que se despliegan por los mares de todo el globo. Por ello, en Galicia le dicen cazacús o melgachos y en Andalucía, son las gatillas para en el País Vasco recibir el nombre de momatxas. Pero en América del Sur y en particular en las aguas de Chile, donde viven ocultos en las profundidades y bosques de algas que se extienden desde el norte chileno hasta al estrecho de Magallanes, son simplemente las pintarrojas o gatas.
Como casi todos los tiburones del mundo, las pintarrojas son animales marinos solitarios. Se activan -como los felinos-, cuando cae el sol y salen a la caza de pequeños crustáceos, peces, nécoras y cangrejos. También, gustan de las algas y las esponjas de mar. Respecto a su tamaño, este suele variar : si bien, en su edad adulta no pasan los 60 cm de largo, algunas pelirrojas que viven en el Mar de China Meridional, llegan a medir 4 metros . Otro rasgo característico, es que todas las especies de pelirrojas poseen ocho aletas y su piel presenta pequeñas pintas felinas o rayas, que le permiten vivir con tranquilidad y sin sobresaltos camufladas en el lecho marino.
La pintarroja en peligro
Casi todas las especies de pintarroja son ovíparas y su reproducción transcurre de un modo muy lento. La pintarroja chilena, por ejemplo, produce apenas uno o dos huevos que gracias a su forma encapsulada engancha a los filamentos de las algas laminarias. La gestación promedio alcanza los 210 días. Por eso, en un escenario de extracción masiva de macroalgas , como es el actual, a lo largo de toda la franja costera de Chile sumado a la pesca a gran escala o industrial están poniendo en jaque a todo el ecosistema de la región. Sin embargo, la buena noticia es que algo está cambiando para la pintarroja. En el último tiempo han nacido cinco zonas voluntarias de protección marina gestionadas por los pescadores artesanales que han unido sus fuerzas para frenar lo que veía como inevitable : el colapso de muchas especies de mar vitales para la subsistencia del hombre.
Los refugios actuales ubicados en Zapallar , Polcura o Cachagua son de dimensiones pequeñas y cubren apenas unas pocas hectáreas, pero están logrando hacer la diferencia, recuperando las especies de mar emblema para la pesca y reescribiendo la relación del hombre con el mar. En estas zonas marinas, hoy día no se puede realizar ninguna actividad pesquera a gran escala , mientras que en otras solo está permitida la pesca artesanal. Desde que los primeros refugios se crearon allá por el 2019, los resultados han sido contundentes y más que claros. Más biodiversidad, una progresiva recuperación de las poblaciones de peces y mejores pronósticos para la pintarroja y demás especies icónicas del litoral de Chile. Y, al mismo tiempo, su impacto sobre la vida y la economía de los pescadores artesanales que vieron resurgir la pesca y como sus familias comenzaban a recuperarse poco a poco. Así, un horizonte de esperanza se abrió al futuro y queda para el mundo una experiencia a replicar.
