
Greenpeace busca alertar acerca de un flagelo silencioso: la contaminación lumínica. Una realidad que pasa desapercibida para las personas, pero que acarrea graves consecuencias para las especies de hábitos nocturnos.
Las grandes metrópolis del mundo, con su avanzados sistemas lumínicos han creado una belleza artificial que ha eclipsado el paisaje del cielo nocturno y estrellas. Muchos ciudadanos quizás, puedan sentir orgullo de que su ciudad sea el punto más brillante de la Tierra al ser observada desde el espacio, pero muy pocos saben que este resplandor, visible desde otros puntos de la galaxia es para la biodiversidad de la Tierra un verdadero flagelo , un gran foco de contaminación y un grave problema para las especies que tienen hábitos nocturnos.
Por ello Greenpeace se suma hoy a las acciones llevadas adelante por la Universidad Complutense de Madrid para alertar acerca de este flagelo poco difundido y conocido por el hombre : la contaminación lumínica.
Los científicos de la Universidad Complutense de Madrid, España, han diseñado un mapa que plasma la contaminación lumínica de la Península Ibérica. Este mapa es, además de una novedosa herramienta científica, un instrumento fehaciente para llamar la atención sobre la urgente necesidad de abordar de modo eficaz este flagelo y con ello, preservar el equilibrio natural de los ecosistemas nocturnos y su rica biodiversidad.
De satélites, mapas y estrellas
El proyecto de armado de un mapa que pudiera reflejar con exactitud la contaminación lumínica fue dirigido por el astrofísico Alejandro Sánchez de la UCM. Para su composición, se utilizaron los datos proporcionados por el satélite SDGSAT-1 , los cuales se destacaron por su altísima resolución de imágenes que abarcan una amplia franja del planeta como es la Península Ibérica, las Islas Canarias y las Baleares.
Este avance científico es clave para avanzar en los estudios del impacto ambiental y en la salud humana que es provocado por la contaminación lumínica. Además, el mapa cuenta con un sistema que puede evaluar la temperatura de las fuentes de luz que son tomadas para el análisis, un aspecto esencial para comprender los efectos que tiene la luz artificial en el complejo escenario de la noche en los entornos urbanos.
La presentación al mundo de este mapa constituye un verdadero hito en muchos sentidos. Su existencia, es vital para futuras investigaciones y es una herramienta eficaz hoy, a la hora de tomar decisiones de trascendencia en las gestiones en curso en materia de iluminación y preservación del cielo nocturno Como instrumento operativo es valioso además, para los gobiernos, los urbanistas y conservacionistas que quieran abocarse a la tarea de encontrar soluciones sostenibles para el problema de la contaminación lumínica.
La contaminación lumínica y su impacto mortal en la fauna
La contaminación lumínica es provocada por el uso excesivo de luz artificial que tiene como consecuencia negativa para la biodiversidad la alteración de la oscuridad natural de la noche. Para los animales de entornos urbanos con hábitos nocturnos, es altamente perjudicial ya que los sistemas lumínicos los confunde y perturba. Este fenómeno, considerado por los científicos como un gran flagelo para la biodiversidad acarrea consecuencias muy graves para la fauna que habita en los entornos urbanos. En el caso de las aves que migran, pueden causar alteraciones en sus patrones de desplazamiento y se cree provocan cambios profundos en la polinización de las flores.
Según explica el biólogo Airam Rodríguez, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales de España, los efectos más severos de la contaminación lumínica son la muerte masiva de insectos, aves marinas como las pardelas y de muchas especies de aves migratorias. Las luces encandilan y atraen a las aves que migran hacia ciudades y pueblos donde no pueden hallar su alimento, lo que luego resulta en su muerte. Además, la luz artificial es también muy nociva para la fauna marina. Por ejemplo, confunde a las tortugas de mar y afecta su desove en las playas como también la dirección de sus crías recién nacidas en su ruta hacia el mar.
Por otro lado, la contaminación lumínica también afecta la calidad de vida de las personas. El hombre que vive en la ciudad se pierde la posibilidad de disfrutar de la belleza que regala el cielo nocturno. Al incrementarse el resplandor lumínico artificial , acaban por desaparecer también, de forma lenta y progresiva, las estrellas. Al final, solamente las más brillantes pueden ser divisadas, junto con la Luna y algunos planetas. Si se tiene en cuenta que en condiciones óptimas, el ojo humano alcanza a distinguir estrellas de hasta sexta magnitud, quiere decir que en el verano por ejemplo, se pierde de ver alrededor de unas 3000.
En definitiva, el efecto de la contaminación lumínica poco a poco, nos despoja de esa ventana intrigante y extraordinaria, la de la noche estrellada, que nos reafirma como seres humanos en el universo.
